Diego Armando Maradona, de Fiorito a la cima del mundo

Alguna vez, Doña Tota contó que cuando parió a su quinto hijo, los médicos que la asistieron gritaban «gol, gol». Como si supieran. También contó, que en el camino al Hospital Interzonal de Agudos Evita, en Lanús Oeste, vio un prendedor en el piso que brillaba por los strass que llevaba. Lo levantó y se lo puso en el pecho. Pero esta parte, ya no es «como si supiera», porque ella ya sabía que su hijo iba a ser especial. Ahora, y con todo respeto a Doña Tota, es difícil creer que ella supiera que su hijo iba a ser uno de los argentinos más importantes de la historia, sino el más. Un día como hoy, pero hace 65 años, nacía Diego Armando Maradona.

Azamor 523. Esa es la dirección de la casa donde Diego vivió con sus hermanos y sus padres en Villa Fiorito, hasta que firmó su primer contrato y le otorgaron una casa en el barrio de La Paternal. A pocas cuadras de allí, estaba el potrero popularmente conocido como «Las Siete Canchitas», donde Diego pateó sus primeras pelotas y donde Don Diego, su padre, era entrenador de uno de los equipos.

Ya en 1969, fue con un amigo a hacer las pruebas a Argentinos Juniors. «Pelusa», como se lo conocía en esa época, no tardó en destacar y ser fichado por Francisco Cornejo, entrenador del equipo. Ese equipo de la categoría 60 se inscribió a los Juegos Evita (hoy Juegos Bonaerenses) de 1973 y 1974 bajo el nombre de «Los Cebollitas», ya que no podían usar el nombre de la institución.

Ese equipo no solo arrasó en los Juegos, sino que se mantuvo invicto durante 136 partidos e incluso viajó por Latinoamérica a diferentes torneos donde se llevaban todo por delante, escoltados claro por un chiquito de rulos, desfachatado que ya era conocido por hacer jueguitos en el entretiempo de los encuentros del primer equipo.

El fútbol y la fama llevaron a Diego a incontables rincones del mundo. Pero él jamás se olvidó de Fiorito. Llevaba la bandera de su barrio y de sus orígenes a todos lados. Incluso antes de morir, impulsó una movida solidaria para recaudar insumos y alimentos para los comedores de la zona.

En el día de su cumpleaños, nunca esta de más recordar que antes de ser Diego fue «Pelu». Y que hoy, cuando aparecen esas fotos entrenando en el barro de Napoli o tirandose de cabeza al pasto, basta con mirar a los ojos y encontrar ese brillo especial que solo Él tenía cuando corría atrás de una pelota.

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