Murió Jorge Bátiz, referente del ciclismo platense y argentino.

El ex ciclista fue campeón mundial, panamericano y director de la Selección Argentina.

La Plata atraviesa horas de profundo pesar tras la muerte de Jorge Bátiz, una de las figuras más influyentes del ciclismo argentino. El exciclista, nacido en Tandil pero estrechamente ligado a la capital bonaerense, falleció a los 92 años dejando un legado deportivo difícil de igualar. Su nombre quedó asociado para siempre al crecimiento del ciclismo de pista en el país.

Bátiz desarrolló una carrera internacional extraordinaria, convirtiéndose en uno de los grandes exponentes de la velocidad. Entre sus principales logros figuran dos medallas en el Campeonato Mundial amateur y numerosas victorias en la tradicional competencia de los Seis Días. Tras su retiro en 1969, asumió un rol clave como director de la Selección Argentina, donde continuó aportando a la formación de talentos.

La trayectoria del campeón fue reconocida a lo largo de los años con distinciones de gran relevancia. En 1980 recibió el Premio Konex de Platino como el mejor ciclista de la historia argentina, mientras que su paso por la Escuela N° 66 de La Plata siempre fue recordado como el punto de partida de su vínculo con el deporte. Su figura, admirada por colegas y aficionados, marcó una era en el ciclismo nacional.

Durante la década del ’50, Bátiz dominó la velocidad en el plano local con títulos obtenidos en 1952, 1953 y 1955, además de sumar destacados desempeños en competencias de ruta. Su proyección internacional lo llevó a competir en México, Francia, Dinamarca, Italia, España y Alemania, donde se consolidó como representante de elite del ciclismo mundial.

En 1955 se consagró campeón panamericano y tres años después ganó la prueba de velocidad en los Juegos Panamericanos de 1958, reafirmando su estatura continental. Su vínculo con figuras históricas también dejó huella: en 1958 integró una dupla inolvidable con el italiano Fausto Coppi para ganar los Seis Días en el Luna Park, triunfo que repetiría en otras ediciones junto a Mino De Ross, Miguel Poblet y Ricardo Senn.

Bátiz también alcanzó dos subtítulos mundiales en Milán y Copenhague, y en 1956 fue distinguido con el Premio Olimpia de Oro, convirtiéndose en el primer ciclista argentino en obtener esa estatuilla. Tras su etapa profesional, continuó compitiendo en categorías de veteranos y obtuvo un segundo puesto en la Olimpíada realizada en Aarhus, Dinamarca, en 1989. Su legado perdura como referencia obligada para generaciones de ciclistas.

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