Sofía «Poy» Toccalino, campeona mundial con Las Leonas: «No pedimos locuras, sino que se cuide al deportista»

En diálogo exclusivo con Bonadeportes, la jugadora de St. Catherine’s analizó la situación financiera del hockey argentino, la falta de apoyo que sintieron por parte de la Confederación y la importancia del respaldo de su círculo íntimo para mantenerse en el alto nivel, a pesar de los pagos tardíos de las becas deportivas.

Las Leonas se consagraron campeonas del mundo el 29 de agosto y los reclamos por la situación actual del deporte argentino volvió a elevarse a la discusión pública. Los logros colectivos e individuales, los galardones y los homenajes conviven con la necesidad de que la inversión esté a la altura del gran nivel que demuestran los atletas en el plano internacional y así lo destacó Sofía «Poy» Toccalino en diálogo exclusivo con Bonadeportes.

La lujanense jugadora de St. Catherine’s se convirtió en Leona y remarcó la importancia de mantener el legado de una selección que se mantiene como pilar del deporte argentino, incluso con obstáculos económicos que dificultan el desarrollo del hockey en el país.

Ya pasaron 3 semanas de la consagración de las Leonas. Con la cabeza más en frío, ¿cómo te sentís? ¿Cómo cae ahora ese recuerdo de haberse consagrado campeonas del mundo?

—Mira, la primera palabra que se me viene es felicidad. Es felicidad, es orgullo y admiración por el equipo. Eso es lo que más siento, la verdad, lo que más me llena: sentir que no solamente conseguimos esta consagración que tanto anhelábamos y buscábamos, sino que estoy feliz con el equipo que construimos, con la esencia que tuvimos, y por todos los mensajes que nos llegan, por lo que transmitimos. Eso es lo que más nos llena, porque como siempre digo, lo que más queremos es mantener el legado de las Leonas vivo, que te lleguen palabras de aliento, de que fuimos esas Leonas aguerridas que en equipo fuimos a buscar nuestro gran objetivo, que es dejar la bandera en lo más alto. Así que eso es un poco el resumen de cómo me siento.

Ahora vos hablás justamente del legado. ¿Cómo te sentís cuando te presentan como una Leona?

—Privilegiada. Me siento privilegiada, en un lugar que sé que un montón de gente quiere estar, con el privilegio de poder vestir la camiseta hace ya casi 11 o 12 años en la mayor. Es una responsabilidad enorme, pero al mismo tiempo hermosa, porque nosotras siempre decimos, y nos lo han dicho las Leonas que cuando entré a mis 17 años eran gente que yo admiraba y admiro, que la esencia de las Leonas es tener este legado vivo y mantenerlo vivo. Así que me siento una privilegiada, no solamente por haber tenido esta oportunidad, sino por tener a mi familia que me bancó en este sueño, porque fue una construcción de años. Y hoy, de más grande, empiezo a ver lo agradecida y lo privilegiada que soy de haber tenido ese sostén, que es lo que me hace hoy poder disfrutar de tantos años acá.

Bueno, además de la familia también está el club, ¿no? Vos volviste, elegiste jugar en St. Catherines, Santa Cata para los más cercanos. ¿Cómo te sentís volviendo acá a Argentina, después de haber vuelto de allá, de ganarle a Países Bajos, una potencia mundial, y de haber sido recibida por toda tu gente, no solamente tu familia sino también tu gente en el club?

—Sí, creo que Santa Cata es parte de mi familia. Es mi club, es mi lugar, es mi casa, es donde crecí como jugadora y como persona. Justo ayer me hicieron una recibida hermosa con todas las nenitas, y un poco es como uno se ve reflejada en esas nenitas que aspiran a ser Leonas; yo era una de ellas. Tuve el privilegio, cuando entré a Santa Cata, de que me entrenara una campeona del mundo: arranqué más o menos en 2008-2009, y en 2010 Mariana Rossi había sido mi entrenadora esos tres años. De hecho, cuando recibo un mensaje de ella después de la final, le digo que todavía me acuerdo del día que Pablo Lombi, si bien yo había visto a Mariana consagrarse campeona, nos decía «ustedes tienen de entrenadora a una campeona del mundo». Y hoy, por ahí, estar a la altura de Mechi Margalot y de Mariana Rossi, habiendo vivido esta Copa del Mundo y consagrado campeona del mundo, aunque me cuesta hasta decirlo porque uno va transitando las emociones del momento y de a poco arranca a caer… Pero la verdad que Santa Cata sacó a las tres estrellas que tiene Argentina: una fue Mechi Margalot, otra Mariana Rossi y otra fui yo. Gente de toda la vida del club, que nos formamos ahí, que aprendimos ahí, que transitamos toda nuestra carrera deportiva ahí. Eso creo que es lo más lindo que tiene mi club: presta mucha atención también a las personas que forma, más allá del jugador en sí. Obviamente tratamos de crecer deportivamente también, no ser solamente un club social; hace años nos mantenemos en la A, hace años estamos a un nivel competitivo. Es parte de un crecimiento, de camadas que van pasando, de realidades que se van viviendo año tras año. Pero la verdad que es mi casa. Y ayer decía esto en la recibida: hoy tener una cancha de agua, que el club acompañe ese proyecto, seguir creciendo como club… agradecida también a los padres que estaban ahí, porque el club lo hacemos todos. Somos un club un poco más chico, todos nos conocemos, pero la realidad es que el club lo hacemos todos, y cuando todos tiramos para el mismo lado se logran este tipo de situaciones. Hoy tener una cancha de agua en Argentina es un privilegio, y fue un esfuerzo enorme, que nadie nos regaló y que lo fuimos a buscar. Sé que de acá en adelante el club va a tener un crecimiento exponencial en los próximos años. Así que todo esto es lo que significa Santa Cata para mí, y le estoy completamente agradecida, porque sin ese paso en mi vida, sin los entrenadores que tuve, sin las compañeras y el grupo de amigas que tengo —hoy mis amigas más cercanas son las del club— la realidad es que me dio todo. Entonces lo mínimo que puedo hacer es ser agradecida y disfrutar de jugar con esa camiseta. Hoy me toca irme a jugar a Europa por posibilidades económicas, deportivas y personales; a veces se presentan este tipo de oportunidades y uno las tiene que aprovechar. Y gracias a Dios tengo un club que me banca un montón. Igual siempre es difícil dejar a tu club, por más tentadora que sea la propuesta; me costó muchísimo la decisión, pero estoy tranquila porque sé que mi club me banca en las decisiones deportivas, económicas y personales que uno va tomando, y que siempre va a estar ahí para mí.

¿Qué expectativas tenés en este nuevo inicio para tu carrera?

—Bueno, ya había tenido situaciones en las que me fui a jugar afuera. Jugué en Bélgica y en España, para Royal Antwerp y Real Sociedad, y siempre fueron experiencias donde aprendí un montón. La de Bélgica fue después de Tokio; había ido sola. Fue una experiencia de vida completamente nueva, la primera vez que no iba a estar en el CENARD de lunes a viernes: arranqué de muy chica a entrenar ahí, primero en Sub-18 y Sub-21, y a los 17 salí del colegio y empecé a entrenar con las Leonas. Así que fue la primera vez que me expuse a esa situación desconocida, y creo que crecí un montón. Además conocí el hockey europeo, un club hermoso donde me recibieron las chicas súper cálidas; hoy tengo amigas con las que por ahí compito hasta internacionalmente, y eso es lo más lindo que te da el deporte. Después tuve otra experiencia en Real Sociedad, media temporada con Trincinetti, compartiendo con mi mejor amiga, viviendo afuera, conociendo la liga española, y sintiéndonos un poco más en casa porque, si bien es país Vasco, la cultura, el idioma y el sol se hacen más amenos y parecidos a lo nuestro. Y bueno, se me presentó esta nueva oportunidad que la verdad no fui a buscar. Había tenido chances de cerrar con otros clubes antes del Mundial y a todos les dije que no, porque mi decisión era quedarme en Santa Cata, con mi familia y conviviendo con mi novio acá. Cuando volví de las vacaciones con mi familia después del Mundial, al otro día se empezó a contactar conmigo el Gantoise, un club grandísimo de Bélgica donde juega Vicky Granatto, que suele salir campeón de la liga belga y juega la EHL el año que viene. Era un proyecto deportivo recontra ambicioso, pero también era la disyuntiva entre lo personal, lo deportivo y lo económico. Al principio les dije que no, hasta que seguimos negociando, porque para mí también significaba un cambio de vida grandísimo en una semana. Pero estoy contenta con la decisión, porque me voy con Juan, así que es un proyecto deportivo, personal y económico importante, y estoy súper contenta. Poder vestir camisetas de clubes grandes de Europa también es un privilegio. Desde el primer contacto le dije al club que lo respetaba mucho, que cuando decía que no era por una cuestión personal, y que cuando uno decide algo, está tranquilo. Pero las oportunidades a veces se presentan y hay que aprovecharlas; fue una decisión charlada con mi familia y mis amigas más cercanas, que me ayudaron a entender eso. Después se lo comuniqué al club, volví a hablar con Fer Ferrara (entrenador de Las Leonas), porque siempre tengo que avisar por el tema selección, que es nuestra prioridad, aunque después de los torneos grandes es cuando podemos hacer estas experiencias europeas. Tuve apoyo de todo el mundo, así que el miércoles que viene ya me estaría yendo, muy feliz, todavía decantando toda la información.

También, como dijiste, este viaje a Europa y esta nueva etapa en un club grande te da otro tipo de comodidad en tu vida personal y profesional. Ya en los Juegos Sudamericanos muchos atletas salieron a hablar sobre la necesidad de apoyo, no solamente en becas sino también en las condiciones para desarrollarse en su disciplina. Me interesa tu análisis, además de lo que dijo tu compañera Vicky (Granatto): ¿qué pensás sobre lo que dicen los otros atletas sobre esta situación del deporte nacional?

—Creo que el deporte para la sociedad es una rama importantísima, por eso necesitamos ese apoyo que está en falta desde hace años; no es solamente algo del último tiempo. Te puedo hablar del hockey, que es la realidad que vivo más de cerca: estamos en falta de buenas canchas de agua de primer nivel para competir, de condiciones, de becas, desde hace muchísimos años. Desde que estoy en el seleccionado nunca tuve una cancha de primer nivel para entrenar; después uno va a competir internacionalmente y ahí sí disfruta de las canchas que hay. En este último proceso además cobrábamos las becas tarde, y con la beca sola no se puede vivir. Cuando uno cuenta con sponsors personales ahí es donde se termina haciendo la diferencia, y cuando no los tenés es más difícil todavía, porque las becas van por rango de resultados: si jugaste Juegos Olímpicos y sos medallista tenés más beca, si recién arrancás es otro tipo de beca. Y las que recién arrancan, sin sponsors, la tienen más difícil. Nosotras dedicamos la vida a esto, estamos 24/7 disponibles para el seleccionado y para la camiseta argentina. Con esta falta de pagos o pagos tardíos, lo más triste es que el hockey argentino no nos cuidó; nuestra confederación tampoco se acercó a preguntarnos si nos faltaba algo. Creo que lo que más me faltó, personalmente, es el cuidado desde nuestra propia confederación hacia el jugador. Es triste, porque en definitiva lo hacemos por amor, nadie lo hace por plata, porque si fuera por plata estaríamos todas jugando afuera todas las temporadas. Nuestro objetivo siempre es dejar a Argentina en lo más alto, y admiro al equipo que, a pesar de esta situación, sigue intentando. En mi caso, mi hermano y mi novio me fueron ayudando a surfear esas olas, porque cuando arranca el mes y tenés pagos que afrontar y no tenés plata en la cuenta, es durísimo y estresante. Y aun así hay que seguir rindiendo y entrenando: ser deportista de alto rendimiento no es solo presentarse a entrenar, también es el descanso, es la comida, es tratar de tener las mejores bases para rendir al mejor nivel, y todo eso es caro. Fue un proceso durísimo, que siempre existió pero que en este último tiempo se potenció, y creo que se podría haber manejado de otra manera. Estoy orgullosa del equipo que siguió con su foco, su entrega y su humildad tratando de dejar la bandera en lo más alto, y gracias a Dios esta vez se nos dio.

Describís bastante esa sensación de impotencia, calculo yo, de todo lo que venís sintiendo en cuanto a la exigencia que imprimen tanto la Confederación o el Deporte Nacional como la sociedad. Ahora, solamente con ovarios o huevos no se resuelve esto. ¿Cómo te encontrás vos cuando las Leonas, las Kamikazes, los Leones, el deporte amateur argentino en general consigue resultados y aun así se encuentra con estas dificultades?

—A veces me pregunto: si tuviésemos canchas de primer nivel, si tuviésemos mejores condiciones, hasta podríamos potenciar todo nuestro rendimiento. Porque la calidad deportiva, el talento, las ganas, el argentino es pasión, es corazón, es ovarios, huevos, como lo quieras llamar; eso viene con nuestro ADN. Imaginate potenciar eso con herramientas y recursos, hasta mínimos te diría, porque ni siquiera pedimos locuras. Te hablo de vuelta del hockey: es una buena cancha, son unos lockers para dejar las cosas, es poder entrenar 4 o 5 horas y tener algo para comer entre turno y turno, entre gimnasio y hockey. Son cosas muy básicas que, lo hablo mucho con mi novio que juega al rugby, hasta los clubes del Top 12 las tienen. Entonces no sé si reír o llorar, porque hay cosas básicas que se podrían conseguir, que tienen que ver con cuidar al jugador, y eso es lo triste. El argentino tiene ese diferencial, pero como decís, no es solamente huevo, corazón y garra: con los recursos que tenemos hay una preparación, una construcción tanto del equipo como del juego, hay mucho laburo del staff, de las jugadoras, muchas horas de entrenamiento, de preparación física y mental, de convicción. Es un poco de todo. No es que si tuviéramos todo servido se nos escaparía lo otro, no, porque eso es parte de nuestra esencia. Pero cuidar al deportista en sí me parece que es lo que realmente necesitamos.

Bueno, te quiero agradecer muchísimo este tiempo. Vos naciste en Luján, empezaste tus inicios en el Club de las Praderas. Esa chica de 4 o 5 años, empezando sus primeros pasos en el hockey, ¿pensó alguna vez en ser Leona?

—Cuando arranqué en Praderas hacía todos los deportes, porque vengo de una familia súper deportista y tenía la posibilidad de hacer tenis, golf, hockey. Me apasionaba el deporte en sí, compartir con mis amigas; siempre digo lo del Coqui Bus, que era nuestro bus, íbamos cantando canciones para después jugar el partido. Ahí empecé a tener mi gran amor por el deporte, y lo potenció Santa Cata, donde jugué por primera vez en sintético de arena, porque yo jugaba en césped natural. Tener tan cerca a Leonas y a gente del seleccionado, y que Santa Cata siempre se caracterizó por tener entrenadores de buenísimo nivel, hizo que desde la inocencia yo soñara con ser Leona y supiera que lo quería lograr. Mi camino siempre fue de puro disfrute: cada vez que me iba con mi bolso de bochas a entrenar sola, porque sabía que era la manera de mejorar, y cuando alguna técnica me salía en el partido, era emoción absoluta. Sabía que era mi camino, estaba segurísima y confiaba en que lo podía hacer. El contexto podía pensar lo que quisiera, pero yo tenía un objetivo claro, porque era algo que me movía muy adentro, que me apasionaba y disfrutaba, también porque mi gran grupo de amigas es del club. Esa «Poy» chiquita siempre fue segura de lo que quería, y bastante terca también: si había que entrenar, se iba a entrenar. Nunca me costó dejar cosas de lado porque siempre tuve un foco muy claro, pero mi camino siempre fue también el disfrute.

Por último, ¿qué le decís al deporte argentino? A pesar de todos los resultados y de todos los obstáculos, ¿cuál es tu deseo para los próximos años, para las próximas camadas y para la actual?

—Que se priorice al jugador. Deseo que como argentinos nos unamos para que el hockey crezca, que la prioridad sea el hockey y no la individualidad. Porque hoy tenemos la responsabilidad de que tantas nenas y nenes nos miren, y lo más lindo es que nos admiren, que quieran llegar a ese lugar, que les transmitamos que somos el equipo de la gente. Pero eso lo hacemos todos, no solo el jugador. Entonces deseo que se cuide al jugador, que se cuide al hockey, que nos movamos todos para potenciar el deporte. Estoy tranquila de que en los clubes la pasión está, la entrega está, las ganas están, la calidad está. No tengo dudas de que el hockey argentino va a tener durante muchos años gente de nivel, gente que sienta la camiseta argentina con el amor más grande, que pasen los años y las camadas y siempre haya deportistas con ese sentido de pertenencia que quieran dejar la bandera en lo más alto. De eso no tengo ninguna duda, pero ojalá se pelee para que siempre las condiciones sean las mejores, que se potencien las instalaciones, que se cuide al jugador, y que tengan las mejores herramientas para seguir dejando tanto a las Leonas como a los Leones en lo más alto, y disfruten del privilegio de vestir la camiseta argentina y la de cada club. Porque me parece que ahí arranca el amor al club, es donde uno empieza, porque el primer sueño es jugar en la primera de tu club, y de ahí vas escalando. Ojalá el hockey argentino entienda que lo más importante es el hockey, lo más importante es la gente.

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